jueves, 5 de enero de 2017

RINDIENDO CUENTAS, por Cris Alexandra


¡Hola Asamblea…! Tal y cómo nos comprometimos al presentarnos en las listas de AHORA EL CASAR, rindo cuentas en un escrito con mi balance y autocrítica de este último año 2016, en lo que a la acción política de Ahora el Casar se refiere. Pero una vez más no sé hacer muy bien mis deberes. Y es que criticas, con auto o a pie, tengo muchas pero balance, lo que es balance… Es más bien: 

“El balanceo… que sientes, cuando vas a tropezar, con el alambre de…” 

Bueno, ya… Hasta aquí el desahogo cómico... Lo cierto es que no sé muy bien por dónde cogerlo y al final mi escrito se volverá a quedar en una simple reflexión, reflejo de mis opiniones personales.

Supongo que por balance, nos referimos a enumerar las cosas que hemos hecho durante el ciclo. Y que comience la autocrítica: 

  • Lo cierto es que yo en lo personal no he hecho absolutamente nada. Nada que se saliese de mis obligaciones de asistencia y reporte, además de las tareas que me encargasen mis compañeros concejales o las puntuales peticiones de algún miembro de esta Asamblea. Esa falta de iniciativas por mi parte se ve severamente agravada al no contar con un retoño recién nacido o un negocio que mantener, como explicación para mi falta de compromiso. 
  • No cuento dentro de ese “nada” mis participaciones en las actividades institucionales básicas, lease: elaboración y presentación de mociones, enmiendas y participación en los plenos, así como el ejercer de intermediario con el Ayuntamiento, en caso de que algún vecino solicitase mi apoyo sobre algún asunto en particular. Aunque no se si esa labor contaría como algo que deba ser incluido en un balance, ya que lo considero trabajo mínimo obligatorio que un concejal electo debe cumplir al haberse comprometido con su cargo. 
  • Mi falta más grave, sin lugar a dudas ha sido el abandono de los medios para la comunicación al ciudadano que estaban a mi cargo y de cuya falta de actividad asumo toda la responsabilidad. *** al respecto de este tema, y al concepto general de la comunicación pública, quiero abrir un pequeño debate, pero para no trollear y meterme en lo particular, lo podemos dejar para una próxima reunión.

Los tres puntos anteriores han sido la autocrítica. Paso a continuación a buscar las razones de ello, o si lo prefieren, a las excusas.

  • La principal razón de mi falta de iniciativa es sin duda, mi personalidad. Soy una persona que es productiva y organizada, y que suele cumplir con aquello a lo que se compromete. Pero a la hora de llevar las riendas de un proyecto con iniciativas propias o ejerciendo labores de liderazgo y organización de un un equipo, fracaso estrepitosamente. El ejercer funciones de líder no es que me resulte imposible pero me provoca un severo estrés que en última instancia me lleva a tener deseos de abandonar. (Sufro teniendo esa posición, por ejemplo, en la elaboración de mi programa de radio, donde soy la que hace absolutamente todo el trabajo, tanto creativo como organizativo. Es alucinante la cantidad de tiempo que me exige y no hay día en el que no sienta la tentación de colgarme de un árbol o de mandarlo todo y a todos al carajo.) 
  • Por todos es sabido que he llegado a ser concejal de rebote, ante la falta de voluntarios más adecuados para el puesto. También por secundar a Dani, que sí que tiene dotes de liderazgo y al que le apetecía encabezar el proyecto, pero que dudaba de si aceptar o no, por sospechar que no podría cumplir con sus obligaciones por falta de tiempo. Mi compromiso fue en primer lugar, con él, prometiendo que le apoyaría o sustituiría en todas las funciones que no pudiera completar a causa de su trabajo y espero no haber descuidado ese compromiso también. (En cualquier caso me pongo a su disposición para lo pactado, como siempre.)
  • Ese rasgo en mi personalidad, me temo que no tiene mucho remedio y lo peor es que hay que añadirle un segundo handicap: no soy muy buena en lo que a comunicación política, discurso contestatario o retórica se refiere. Generalmente me cuesta quejarme cuando algo me molesta (creo que lo llaman estoicismo o ejercer de John Wayne) y tampoco es que haya muchas cosas que me molesten en la vida. Normalmente si hay algo que me escame, busco en primer lugar sus causas en mi o trato de hacer algo por eliminarlo. «Todo le es perdonado a quien no se perdona nada a sí mismo», dice Confucio y es una de mis máximas. Eso por desgracia no es algo muy positivo para alguien que se dedique a la política y es un severo lastre en mi capacidad para “dar caña”. El exagerar o escandalizarme por situaciones que no me parecen tan graves, el “y tu también” o el “y tú más”, el postureo o las batallas de egos… Esas son las armas de un político y yo carezco de ellas. Aunque me coma el bofetón mil veces siempre me saldrá una propuesta de solución o alguna pregunta antes que una crítica que levante a las masas o una queja escandalizada para que conste en acta. 
Hasta aquí las excusas… Veamos ahora qué se podría hacer para remediar los problemas (si es que se puede hacer algo) y qué tipo de ayuda podía pedir a la Asamblea. 

  • Cambiar el carácter de alguien es imposible, así que poco se me puede ayudar en ese punto. Puedo intentar cambiarme yo a mi misma, a base de gran esfuerzo y voluntad (como lo trato de hacer en el programa de radio) pero no sé hasta qué punto no me convertiré en una bomba de relojería. Si se me cruzan los cables y mando a Kernelpanikk a la mierda, no pasaría nada grave, pero si me ocurre con lo de ser concejal, mi segura dimisión sería una clara violación a mi compromiso con esta Asamblea o con Dani. Y eso no mola… 
  • Cada cual vale para lo que vale. Le pediría a la Asamblea ayuda con las iniciativas y apoyo en la participación de las mismas. A cambio yo me ofrezco a hacer todo el “trabajo sucio” de fondo. Cuando me metí en este embolado puse sobre la mesa mis dudas sobre si mi persona posee o no las cualidades necesarias para ser concejal, y se me explicó que no eran necesarios profesionalización o experiencia, que sería un portavoz y que la Asamblea dictaría mis pasos… Pues aquí estoy, dispuesta a ser “dictada”... 
  • Eso sí, no voy a criticar las faltas o exigir la asistencia o implicación de todos vosotros. (Y no hablo sólo de la asistencia a las reuniones semanales). Cada cual hace lo que puede con el tiempo del que dispone. Lo que sí que me gustaría es que no caigamos en esa costumbre tan espàñola (lo siento pero sí, es típica de españa) de vociferar con plena convicción montones de propuestas sobre lo se debe o no debe de hacer, mientras levantamos la cerveza en la barra del bar. Las propuestas muchas veces se quedan en el aire y los proyectos se inician pero no se acaban a causa de eso. Y si no, preguntaros qué pasó con las tertulias temáticas, las rutas de limpieza, o desde hace cuánto que hablamos del famoso boletín.

Bueno, pues no sé si es eso a lo que nos comprometimos pero es lo que me ha salido. Gracias por leer hasta aquí y recordad que gran parte de mis afirmaciones son subjetivas y no tengo porque tener razón.


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