viernes, 4 de diciembre de 2015

Alberto Garzón, más que el salvavidas de IU


Por David Hernández Martínez
Graduado en Relaciones Internacionales y Máster en Economía Internacional y Desarrollo

El interés que han tenido Pablo Iglesias e Iñigo Errejón por fichar a Alberto Garzón para sus listas electorales, es reflejo de la estima política e intelectual que le tienen. La preocupación que mostraron Cayo Lara y algunos dirigentes de Izquierda Unida, para dar un relevo generacional que liderara Alberto Garzón, mostraba su confianza absoluta en él. Los ataques desmedidos que lanzaron algunos líderes de la desaparecida federación madrileña en las elecciones autonómicas, ejemplificaba que el proyecto de Garzón suponía un auténtico revulsivo para la estancada formación.

Sin duda alguna, como muestran todos los sondeos de estos últimos meses, previsiblemente IU obtendrá uno de los peores resultados de su historia. Sin embargo, haciendo un interesado juego de imaginación, ¿Qué hubiera sido de Izquierda Unida si en las próximas elecciones no se presentará Alberto Garzón? En este sentido, el joven diputado parece ser el mejor colchón sobre el que se ha podido apoyar la formación, siendo el amortiguador perfecto para la dura caída.

Desde la formación de izquierdas se comprendió tarde la coyuntura social y política en las que se adentraba España, tras el estallido de la crisis y los gritos de indignación del 15M. En vez de emprender una auténtica renovación orgánica y programática, que les permitiera hacer suyo el malestar y ganas de cambio de numerosas generaciones, se apostó por una transformación moderada y progresiva. Se introdujeron caras nuevas, como el propio Alberto Garzón, pero siempre desde una transición paulatina.

Esa actitud provocó que el verdadero referente de la desafección hacia la clase política, fuera el emergente Podemos. Entonces, cuando IU veía auténticamente amenaza su supervivencia, se decidió dar el relevo y confiar casi ciegamente en el liderazgo de Alberto Garzón. En este sentido, las fracasadas negociaciones con la formación de Pablo Iglesias para una posible confluencia, han dejado la sensación entre un voluminoso número de electores de izquierdas, de que la voluntad real de construir un frente de izquierdas para la construcción de un nuevo sistema, viene dado por el programa de Garzón, no por el aparato de Podemos.

La no confluencia previsiblemente será un golpe más dañino para la candidatura de Iglesias que de Garzón, ya que muchos de los votos que aspiraba a obtener Podemos de simpatizantes y militantes de IU, seguramente no se muevan. Más aún, algunos votos que en el último año han oscilado entre la formación morada y el partido de Garzón, vayan hacia este último, confiados de un proyecto de izquierdas más coherente.

Dicho lo cual, para el economista logroñés se abren unos importantes retos, que le depararán numerosas dificultades. Primeramente, a corto plazo debe intentar conseguir el suficiente respaldo electoral para poder tener grupo parlamentario propio. Segundo, debe ser capaz de construir su propia figura política, que le lleve a convertirse en un referente de la izquierda y no en un mero comodín de Podemos o PSOE. Asimismo, IU deberá intentar en los próximos cuatro años, recuperar el prestigio entre los polos sociales de izquierdas, ya que la fidelidad del voto y simpatía a Podemos seguramente se vaya deteriorando en el futuro.

En definitiva, IU ha encontrado en Alberto Garzón su propio salvavidas, ahora bien, está en el joven dirigente marcar las líneas futuras y demostrar si tiene la suficiente ambición y voluntad para ir más allá de la mera supervivencia política.


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