viernes, 21 de agosto de 2015

Una cuarta parte de la comida desperdiciada pondría fin al hambre

Una cuarta parte de la comida desperdiciada pondría fin al hambre

A pesar de las continuas advertencias el desperdicio de comida sigue siendo uno de los graves problemas que aquejan el mundo. Las últimas cifras compartidas por la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) evidencian que los países ricos siguen en la tónica habitual de anteriores años.

A nivel global se tira anualmente 670 millones de toneladas de comida superando en número a los 630 países en desarrollo. Por productos desechados las frutas y verduras encabezan con un 50 %, le siguen el pescado (35%), los cereales (30%) o la carne (un 20%).
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Una vez más la mayor culpa recae en los países industrializados que desperdician 222 millones de toneladas de comida casi el equivalente a la producción entera de África Subsahariana (230 millones de toneladas). Un comportamiento poco ejemplar que se extrapola a nivel individual ya que mientras un habitante cualquiera de un país rico puede tirar 95 y 115 kilos de comida al año, esa cantidad es ínfima mente inferior para un residente de África subsahariana y sureste de Asia con solo de entre 6 y 11 kilos.

Si ya de por sí las cifras son pornográficas más resultan al saber que un mejor reparto podría cambiar esta situación. Bastaría un 25 % de la comida que tiramos para cubrir las necesidades de hambre en el mundo. Es decir solo la cuarta parte que se tira salvaría la vida de los 795 millones de personas que corren peligro de muerte por desnutrición, e incluso cubrir las necesidades de los más de 870 millones que padecen hambre.

Sin embargo conscientes de la problemática algunas iniciativas están intentando con esfuerzo revertir la situación. Por ejemplo, en la India es famosa la iniciativa ‘Share My Dabba’ mediante la cual los alimentos repartidos en dabbas y no consumidos se hacen llegar a niños de la calle sin recursos tal y como explican en el siguiente video:
De la misma manera conocíamos recientemente que un país de la notoriedad de Francia ha decidido abordar sin ambigüedad el problema y prohibir a los supermercados que tiren la comida. Con esta política pretenden que las grandes cadenas de distribución estén obligadas a ceder sin coste esa comida a las ONGs que lo necesiten o comedores sociales. En caso de que la comida esté caducada también será reutilizable para la producción de compost en la agricultura o alimentación de animales.

No obstante se requiere que estas buenas medidas estén acompañadas por una implicación conjunta de los países pues solo así lograrán la efectividad deseada a nivel mundial.

Cristina Grao Escorihuela

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